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¡Qué emoción! No nos lo podemos creer. ¡Vamos a ser papás! ¡Vaya notición y qué felicidad! Y ahora…¿Qué hacemos?

La planificación 2020 de Emi se centraba en la clasificación al Mundial de Ironman de Kona, en el IM de Sudáfrica en Abril, justo el mes en el que salía de cuentas… Y yo, que ahora comenzaba a recuperarme de la lesión y la temporada 2020 por fin prometía.

¡¡¡Pero esto es tan grande, tan importante, tan prioritario, tan emocionante!!! Finalmente, sin tiempo que perder, y no todo lo en forma que le gustaría, Emi decide ir en Septiembre 2019 al 1º IM clasificatorio para el Mundial de Kona en Wisconsin (EEUU), junto a nuestro entrenador Jaime. Tras una carrera muy accidentada pero luchadísima hasta el final y con una motivación extra, Emi consigue la 1º plaza y con ello su pase directo a Kona! ¿En serio? No nos lo podemos creer, yo no dejo de llorar y sonreír cuando, al fín, le veo entrando en meta (a demasiados km de distancia), feliz, satisfecho y tan emocionado (con el dedo en la boca dedicándole la victoria a nuestro bebé). Lo ha conseguido, su sueño deportivo hecho realidad, increíble. ¡¡¡No podemos pedir más, vaya año 2020 más especial nos espera!!!

En cuanto a mi, seré sincera, al principio fue difícil. Pasar de entrenar intensamente 2-3 h al día con mucha motivación y grandes objetivos, a saber, que progresivamente, e independientemente de lo que hiciese, mi estado de forma iría empeorando y los objetivos deportivos tendrían que esperar, me hundía un poco a veces. Eso sí, duraba segundos, en cuanto me tocaba la barriguita y recordaba el momento tan especial que estábamos viviendo, lo deportivo pasaba a un 2º plano completamente, mi prioridad esta temporada estaba muy clara.

Pronto decidí que me iba a centrar en disfrutar de cada sesión de entrenamiento, de lo que mi organismo me permitiese hacer cada día. Desde el primer momento tuve claro que, mi principio básico sería escuchar a mi cuerpo y hacer únicamente aquello con lo que me encontrase cómoda y tuviese buenas sensaciones.

Si una semana de entrenamiento normal a mitad de temporada rondaría entre las 14-16h de entrenamiento, durante el mes de septiembre y octubre ya descendió a 10-12h semanales. La intensidad disminuyó desde el primer día, ya que, al no existir objetivo competitivo, el plus de motivación necesario para dar ese “110%” básico para mejorar el rendimiento, no lo tienes. Los que me conocen, saben que soy de las que disfruta sufriendo y que suelo dar todo de mí en las sesiones que lo requieren, pero, ahora NO tenía sentido “sufrir” más de la cuenta.

Durante el 1º trimestre de embarazo, sí que mantuve esa sensación de “sufrir” o “esforzarme” para “mejorar”, pero siempre en un umbral controlado y por debajo del que asumes cuando estás en “modo competición”. Hasta finales de octubre, mantuve el entrenamiento en las tres disciplinas, aprovechando para correr suave con amigos y salir en bici tranquila disfrutando de rutas bonitas y variadas. Tras nuestro increíble viaje a Japón (en donde entrenar no, pero patear no faltó), Emi y yo decidimos que era mejor que ya no saliese a carretera con la bici. Así que, desde entonces, hice bici en el gimnasio y en el rodillo, hasta que un mes después la barriguita ya no me lo permitió.

Ya en el 2º trimestre de embarazo, en diciembre, hubo semanas de 9h y otras de 12h de entrenamiento, pero ya no lo denominaría entrenamiento de triatlón, sino horas de actividad física. Retomé el patinaje sobre ruedas, probé diferentes clases colectivas (pilates, body power…), hice mucho trail y aproveché para entrenar circuitos de fuerza con mis pupilos presenciales. Además, comencé a hacer CACOS (correr-caminar) en vez de rodajes continuos de carrera, para disminuir un poco el impacto, y hacía los entrenos de intensidad en la elíptica. Durante este mes, inicié una rutina diaria de 10´de trabajo de suelo pélvico, que mantengo en la actualidad, y que me ha ayudado muchísimo con las incontinencias típicas del embarazo.

En enero, tras superar una infección respiratoria que me tiene completamente “fuera de juego” casi 2 semanas, comienzo a utilizar la bici inclinada del gimnasio y, siguiendo las indicaciones de mi ginecóloga, sustituyo la carrera por la elíptica (donde me encuentro muy cómoda y puedo mantener cambios de ritmo con series intensas). Aprovecho mucho las semanas de navidad en Madrid junto a mi familia, saliendo a hacer deporte todos juntos. También adaptamos mi bici de MTB (para poder ir más erguida) y acompaño como utillera a la “Suicide Squad” en sus rodajes largos de domingo. El tiempo vuela, nos plantamos ya en la recta final, último trimestre de embarazo.

Febrero es un buen mes, una vez pasadas las malas sensaciones típicas del 1º trimestre (sensación continua de mal estar, muchos ascos, angustia y apetito de lo más extraño), el 2º y 3º trimestre transcurren con muy buenas sensaciones, mucha felicidad y, sobre todo, gran tranquilidad. Durante todo el embarazo le doy mucha importancia al trabajo de fuerza, pasando de hacer 2 días a la semana, a casi 4. Hago circuitos muy variados con material diferente para no aburrirme y ofrecerle al cuerpo estímulos diferentes, cada vez con menos peso e intensidad, pero sin cesar. Con entre 12 y 13h de actividad a la semana, cerramos el mes con otro gran “paso” en nuestra vida, ¡la mudanza a nuestra nueva casita!

Natalia Bermúdez de Castro Angulo.

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